Las pirámides de Egipto se construyeron tres mil años antes de la construcción de los templos de Puma punku y La puerta del sol en la localidad de Tiahuanaco, Bolivia. Sobre aquellos y estos se han conceptualizado diversas hipótesis en lo concerniente a las técnicas constructivas utilizadas en su momento por los nativos de cada territorio. Algunas de ellas, por no decir todas, rayan en la especulación de la divinidad, lo extraterrestre, el dolor y la muerte, que derivan en apreciaciones fantásticas producto de las pocas pruebas de rigor científico encontradas y necesarias, que nos brinden un sustento técnico-verás de su real método constructivo. Hasta el cine de entretenimiento a nivel mundial y los documentales de las grandes cadenas televisivas que tratan el tema, han metido sus manos y narices poco aclaratorias para la posible verdad histórica encriptada en el seno de la historia, creando con ello, una mayor confusión en la forma de comprender el hecho histórico en comento.

Los especialistas en materia de arqueología, arquitectura e ingeniería, no han podido coincidir al en los métodos constructivos aplicados para edificar esos portentosos monumentos históricos, que son una clara evidencia de la creatividad e ingenio humano dentro de sus alcances de vida con el entorno de la naturaleza y su conexión con el más allá, dentro de su espiritualidad pagana.
Sobre las construcciones de las pirámides del imperio de la astuta veinteañera Cleopatra y su machucante enamorado cincuentón Julio Cesar, se ha dicho hasta la saciedad —y es una de la hipótesis más difundida— que tales construcciones fueron el resultado del dolor y la muerte de miles de esclavos que fueron obligados a utilizar sus fuerzas de trabajo en la construcción de las misma, contexto que se muestra en algunas producciones del séptimo arte, pero que la realidad de la misma, en otro plano especulativo, es que fueron edificadas —supuestamente— por varias cuadrillas de miles de hombres libres trabajando por turnos en la monumental obra, que al decir del exministro de Antigüedades de Egipto Zahi Hawass “fueron bien tratados”, tras haber encontrado un número significativo de tumbas próximas a las pirámides. Dichas tumbas alojaban en su interior varios esqueletos conservados perfectamente hasta la fecha. De otro lado, el arqueólogo egipcio Mark Lehner encontró, en 1970, el centro poblado donde pernoctaban los obreros que iban a trabajar en las construcciones de las pirámides egipcias y varios restos de esqueletos de los mismos obreros que fueron sepultados en el lugar, de igual manera, encontró en la calle principal de ese centro poblado, muchísimos huesos de vaca y raspas de pecado, lo que no significa que pasaron una buena vida laboral, ya que muchos de ellos presentaban signos de artritis y sus vértebras bajas han mostrado el desgaste por la acción de las cargas pesadas.
Sobre los métodos constructivos utilizados hay varias hipótesis que conceptualizan que no se utilizaron rampas, que, en vez de ellas, se utilizaron estructuras de madera que servían de apoyo para subir los grandes bloques de piedras. Una segunda hipótesis sugiere la utilización de una gran rampa de arena, rectilínea, que aumentaba de altura y anchura según crecía la pirámide. La tercera hipótesis nos expresa la utilización de múltiples rampas. Y, finalmente, una cuarta hipótesis nos comenta la utilización de cilindros de madera para el arrastre de las grandes moles de piedra.
Tiahuanaco es el espacio territorial preincaico boliviano, cerca del lago Titicaca, en límites con el Perú, donde se encuentran los templos de Puma Punku y el megalito de la Puerta del sol, que muestran dos curiosidades arquitectónicas identificadas en cuatro terrazas gigantes de areniscas roja que pesan entre 130 y 180 toneladas y pequeños bloques de andesitas —piedra volcánica extremadamente dura— cuyas formas complejas y precisión milimétrica dispuestas en su forma constructiva, parecen ser incompatibles con la tecnología de la época utilizada —los tiahuanacanos solo tenían herramientas de piedras y los arqueólogos no se explican como hicieron los cortes en las piedras en ángulos precisos de noventa grados de los grabados pétreos y las incrustaciones de rostros en las rocas de un alto valor de dureza pétrea—. A raíz de estos procedimientos e incertidumbres, los templos ceremoniales de conexión espiritual con el universo de sus dioses tampoco escapan de las narrativas y especulaciones fabuladas que produjo su construcción entre los años 600 al 700 D.C.

Al igual que las pirámides de Egipto, supuestamente las canteras se encontraban lejos del lugar donde se edificaron los monumentos, por tanto, el desplazamiento de material era un problema por resolver. Mientras los egipcios conocieron la rueda, los tiahuanacanos no, lo que alentaba a los antropólogos e interesados de la ciencia a preguntar ¿cómo lo hicieron? si las canteras —según estudios realizados en la década del 70 por arqueólogos bolivianos— se encontraban distante de los templos al igual que las canteras de las pirámides de Egipto.
El ingeniero químico francés Joseph Davidovits entra a terciar en el afamado campo de la investigación científica y desde su perspectiva profesional plantea su tesis investigativa de los Geopolímeros —piedras artificiales moldeables— que junto a las demás hipótesis técnicas formuladas y conocidas hasta el momento suman un cúmulo de conocimiento que nos han acercado o alejado de la verdad relativa. el ingeniero Davidovits, conocido por su desarrollo de la ciencia de los geopolímeros y el concreto de geopolímeros planteó en la década de 1980 para las pirámides egipcias una teoría alternativa que sugiere que los bloques utilizados en la construcción de la pirámides eran un tipo de hormigón temprano, que consistía en piedra caliza desagregada de la meseta de Giza, Egipto, cementada por un polisilico-oxo-aluminato de sodio o potasio, aglutinante de geopolímeros de poli —sialato— y fundido en bloques in situ.
Esta hipótesis constructiva tuvo una fuerte oposición del gobierno egipcio, la cual fue impulsada más por los intereses económicos derivados del turismo que proporcionan las pirámides y que podría ser afectado, si se comprueba la veracidad de la hipótesis planteada, ya que se perdería lo mágico de las especulaciones constructivas. Si se echa por tierra la concepción de que fueron construidas por súper civilizaciones con tecnologías desconocidas o alienígenas. A raíz de esta hipótesis, son varios los científicos que han publicado estudios al respecto, que confirman la presencia de hormigón geopolímeros arqueológico en las pirámides, dándole la razón al ingeniero francés.
Para los templos de Tiahuanaco, el Ing. Davidovits en su estudio final demuestra que los constructores de Puma punku dominaron dos métodos de concreto de geopolímeros, a saber:
- Uno, en medio alcalino para los megalitos de arenisca roja. Esta tecnología es familiar para los científicos de materiales modernos y los ingenieros civiles, y está en línea con el conocimiento del método tradicional de producción de hormigón geopolímeros.
- El segundo, en medio ácido para las estructuras de andesita gris, se basa en el uso de ácidos carboxílicos orgánicos extraídos de la biomasa local y también en la adición de guano. Se ha replicado con éxito en nuestro laboratorio con productos químicos modernos para probar la validez de los mecanismos químicos involucrados en las nuevas reacciones geopoliméricas (sic).
Finalmente, para el conocimiento del mundo, la teoría de los geopolímeros del ingeniero Davidovits nos brinda su verdad relativa y nos centra en una opción mejor de saber de las evidencias arquitectónicas construidas en su medio, ubicando al hombre y su conocimiento perpetuo como centro del universo, apartando las especulaciones con muchas narrativas fabulescas que nos hablan de razas superiores, extraterrestres, Anunnakis, alienígenas y otros seres que son igual el fruto de nuestra imaginación.
ANEXOS-Vídeos y portales web

Ingeniero Joseph Davidovits, creador de la hipótesis de los geopolímeros.
